Juan's profileEspacio de Juan Mediterr...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
November 26 MELODÍA DE VOZEl eremita, descalzo y semidesnudo, apenas cubierto con un taparrabos recogía semillas y bayas por los alrededores de su cueva, junto al mar. Unos largos y descoloridos cabellos caían escasos y desordenados por los costados del cráneo. La barba amarillenta y desmedidamente larga le daba cierto aire de ayatolá chiflado. Todo ello en consonancia con una mirada entre pícara e infantil. Poco hacía que su locura lo había empujado a vivir en tan miserables condiciones, como un huesudo neocavernícola, a pocos kilómetros del poblado costero.
Temprano por la mañana, nada más notar que el incipiente sol bañaba sus esqueléticas piernas en su propio camastro –una raída manta sobre unas cañas- se levantaba como impulsado por un resorte. Masticaba cuatro hierbajos o algún proteico insecto capturado a la luz de la pasada luna. Acto seguido se sentaba en cuclillas con las manos entrelazadas frente al inmenso mar, frente al emergente y tibio sol, con su fría y oscura cueva a la espalda. Oteando el horizonte con mirada escrutadora, balbuceaba lo que podría ser un extraño o incomprensible poema: “…el mar… el cielo… ya no escucho… sus ojos… melodía de voz…”
Una infausta tarde de noviembre, vecinos de la localidad cercana, temerosos de tan extraño y extravagante individuo lo acorralaron y apedrearon en su propia cueva al grito de: “ ¡¡ Es un espíritu…, parece peligroso…, está loco…, nuestros hijos peligran… es un ladrón… es extranjero… !! ”. Mientras el pobre chalado intentaba protegerse la cabeza con sus escuálidos brazos, mascullaba: “…el mar …el cielo… ya no escucho… sus ojos… melodía de voz…”. La gruta fue su tumba. Con grandes pedruscos sellaron la boca de la cueva, enmudeciéndola para siempre. Años después niños del pueblecito marinero cantaban en sus juegos un singular poema que el rumor de las olas y el viento de levante trajo no se sabe cuándo, de origen no aprendido: “…el mar… el cielo… ya no escucho… sus ojos… melodía de voz…”.
November 24 JUEGOS DE GUERRALloviznaba, y sintió un dolor insoportable en la pierna izquierda… Sólo era un niño, ¿cuántos años tendría, once, doce…?. Sin embargo, al apoyarse sobre sus manos y ladear la cabeza allí estaba, fumando, en medio de la calle del destartalado pueblo, con los mocos colgando, con unas grandes botas negras y apuntándole a la cabeza con un humeante kalashnikov. Vestido con un uniforme militar arremangado, sucio, remendado y demasiado grande para un cuerpo a medio desarrollar. El pelo negro pegado a la frente y la cara repleta de surcos -mezcla de cicatrices y chorretones de suciedad- le daban un aspecto feroz impropio en un niño.
Resultaba extraño, sobresaliendo con un brillo vidrioso sus grandes e inquisitivos ojos oscuros, cargados de obscena muerte, se le clavaban como saetas al fondo de la retina. El viejo hizo ademán de incorporarse. En su enloquecida huida había caído sobre un charco de barro. Con una pierna inútil y con las rodillas hincadas en el fango, aún sin haberse incorporado totalmente, vio de soslayo un cegador rayo de luz . A la vez, otro tremendo estampido le sobresaltó el corazón y el estómago.
De costado, con la cara medio sumergida, entrando agua sucia por la boca entreabierta y manando sangre por la sien, pudo apreciar en un último suspiro como unas manos menudas hurgaban entre sus bolsillos, un segundo antes de penetrar en la más absoluta negritud, en el más aterrador y definitivo silencio.
(Entre 300.000 y 500.000 menores combaten en conflictos armados)
November 13 ¡¡ AY, BOSQUES DE CARTAGENA !!¡¡Ay, bosques pelados de Cartagena!!, de cabezos altos y loma suave, pedruscos calientes de aspecto grave y palmitos, y poco más, qué pena.
El dios sol bebió del Júcar la vena, donde las chicharras tienen la llave que me encerraron a mí, en este enclave donde triste mi alma cumple condena.
Sabinas, lentiscos y carrascales… antiguos bosques de árboles perdidos por desnudas piedras en pedregales.
Hoy escasas aves hacen sus nidos en esas copas que un viento a raudales sopló llevándose los tiempos idos.
November 10 EL SATANASITO-¡¡ Ay, qué porrazo, Belcebú mío !!, vaya manera de aparecer… Bueno, quiero decir… malo. Veamos, dónde estoy. Ah, es de noche y esto es una carretera local… que va a parar… ya veo, a ese pueblo de condenados… Bueno, a trabajar… (Se levanta del suelo) -¡Vaya!, quiero decir… ¡¡cojones!!, alguien viene… (Se acerca caminando un hombre con bastón) -Oiga, qué le parece si le propongo recobrar su perdida juventud, a cambio de… -¡¡Quiá!!, pa qué quero yo volver a los males de mi juventú, a la miseria, con lo bien que estoy ahora, con mi parienta, nuestras dos pensiones y la tele, porque ¿sabe usted que de joven no había más que la arradio?… anda ya, y hágase mirar esos cuernos que le salen de la cocorota. (El hombre prosigue su camino) -Jolín, quiero decir ¡¡joder!! tengo tres oportunidades de medrar en el escalafón y ya he echado a perder una. (Paseando con dignidad aparece una mujer joven) -Veamos esa pardilla que se aproxima… ¡¡ Señora, oiga qué le parece si le propongo un trato…!! (La chica le interrumpe) -El trato son 18 euros el servicio mínimo, y me parece que con lo peludo y feo que eres te lo voy a poner en 20… (El diablillo hace un gesto de contrariedad) -¡¡ Jopé!!, quiero decir… ¡¡ mierda!!, ésta parece que ya vendió su alma, otra ocasión perdida… (La joven prosigue su paseo; el satanasito se sienta sobre una piedra) -¿Y ahora qué hago? (Una moto blanca, de gran cilindrada, se aproxima veloz y derrapa en la curva cercana) ¡¡ Patapaf !! (El conductor rueda por la cuneta, el diablillo se acerca corriendo) -¡¡ Oiga, señor !!, ¿ se ha hecho daño, necesita ayuda ? (El motorista, pálido como el papel se incorpora y sacude su blanca casaca) - ¡¡ Ay, la ostia !!, quiero decir… ¡¡ caramba !!, vaya manera de aparecer y qué suerte la mía. A la primera ocasión y ya he cumplido con mi deber… (Lo toma de la mano, lo sube a su moto y desaparecen hacia el cielo) ¡¡ Burrúuuuuuuummmm!!... November 07 EL CALLEJONLa calle se angosta en ángulo recto hacia la derecha. A partir de ahí la inestable y parpadeante luz de la lejana farola ilumina avara los sucios rincones de un callejón. Cubos de basura abiertos, rebosantes de nauseabunda y desparramada materia orgánica, plásticos, botellas, vidrios rotos, insectos y ratas… soberbias ratas de ojos encendidos y tenebrosos.
Un hombre delgado, joven, de tics eléctricos, permanece sentado en el suelo apoyado en la pared. Se balancea nervioso hacia adelante y hacia atrás, oscilante, con ritmo acelerado y ansioso, abrazado a sí mismo, como si quisiera retener su cuerpo huidizo. La “dama blanca”, dominadora e inquietante, llama exigente entre sus sienes a sus hinchadas y anhelantes venas.
Se oye una leve tos… y unos pasos… -alguien se acerca, es mi ocasión…-. Se incorpora y saca una navaja del bolsillo trasero de sus mugrientos tejanos… Irrumpe a contraluz ante la sombra que sorprendida se detiene: -¡¡suelta toda la pasta, vieja estúpida!!-. Sus palabras resuenan como pesadas losas, con eco sordo y siniestro. En la penumbra y con torpe gesto hiere de muerte la carne sagrada y se apodera del mísero monedero. -Estúpida, vieja-. Yace la mujer sangrante sobre un charco de oscuro carmesí. Se arrodilla para arrancarle las escasas joyas. -Vieja estúpida…-. Se acerca al venerable rostro y sorprendido lleva sus culpables y manchadas manos a la cabeza, -vieja… mi viejita… ¡¡MAMÁAAA!!.- |
|
|